Hace unos días, Esther Charabati, que cree que todos los que se lo proponen pueden hacer filosofía, me pidió una colaboración para la revista Horizonte. Por razones de espacio, tuve que entregar un texto de menores dimensiones que el que aquí pongo a disposición de todos, impunemente.
Estimado amigo,
No existen muchos temas que puedan compararse con el interés que despierta el tema de la verdad y la mentira, como tampoco existen muchas cosas más importantes que encontrar la verdad. Estoy dispuesto a combatir vivamente a los que suponen que el objetivo de la vida es ser feliz, y no la búsqueda de la verdad o, al menos, de la experiencia.
Como toda persona que no ha encontrado sino un puñado en todo caso minúsculo de verdades relativas, no me siento muy calificado que digamos para hablar acerca de la verdad. Me siento, de entrada, mucho más a gusto en el tema de las mentiras, porque, en cierto sentido elemental, las he frecuentado más que a la verdad.
Los escritores, en general, somos bastante mentirosos. Sólo algunos tienen nobles objetivos, como los de divertir o educar a los lectores con fábulas inventadas (o sea mentiras). Y si hay escritores cuya preocupación fundamental es en efecto la búsqueda de la verdad, no dudan ni por un instante en añadir personajes y argumentos ficticios, porque sólo así pueden experimentar en sus novelas o en sus cuentos, de la misma forma en que lo hace el químico en su laboratorio con sustancias artificiales, que difícilmente se encuentran en la naturaleza.
Pero esta experimentación con las mentiras puede rendir frutos cuyo sabor a verdad resulta, ciertamente, muy extraño. Muchas veces imaginamos que la verdad y la mentira están claramente divididas por una gruesa pared, como si todo lo que no estuviera en el terreno de alguna de ellas necesariamente perteneciera al terreno de la otra. Si así fuese, el mundo sería un lugar más fácil para vivir, aunque menos interesante. Como sucede con todos los temas importantes, las cosas nunca son tan sencillas. El esquema según el cual la verdad y la mentira son océanos separados y distintos que jamás comparten sus aguas, es nada más eso, una forma de tranquilizar a nuestra mente. Así como existe un maniqueísmo moral (que pretende que todo lo bueno es absolutamente bueno, y está separado por completo de todo lo malo, que es absolutamente malo), también existe un maniqueísmo que cubre con su manto el problema real de la verdad y su compleja relación con la mentira, en el que caemos no sólo por inercia mental sino también por razones morales: todos necesitamos pensar que vivimos en la verdad o casi en la verdad, y que nuestras ideas y convicciones responden a ella. No por nada, muchos pueblos antiguos tienen palabras para llamarse a sí mismos que significan que ellos son “los hombres verdaderos”, y reservan para los extraños palabras que implican poco más o menos que no son personas de verdad. Todo racismo ostenta la convicción (no por errada menos poderosa) de que actúa conforme a la verdad: ni siquiera el más racista asume que sus ideas sean falsas (ni peligrosas, ni estúpidas).
Pienso ahora en una anécdota, que por cierto algunos toman como verdadera o histórica, y otros como fantasiosa o apócrifa, según la cual le preguntaron a Omar, que había tomado recientemente la ciudad de Alejandría, qué hacer con los libros contenidos en su famosa biblioteca. Omar habría respondido que si aquellos libros no decían lo mismo que el Corán, era necesario quemarlos, puesto que eran blasfemos; y que si decían lo mismo que el Corán, entonces había que quemarlos también, puesto que eran superfluos. Dicen que hay que temer a los lectores de un solo libro, e inclusive a los hombres de una sola mujer (esa sola mujer será, casi siempre, como bien supo Freud, su madre). Otros dicen que la Biblia no es un libro, sino un libro de libros, como si de alguna manera lo que dice por ejemplo el Deuteronomio se viera atemperado por lo que dice Cohélet, y viceversa. O que su mujer es más que una mujer. Es verdad que hay personas que dicen estas cosas; lo que no puedo decirte, es si esto que dicen sea verdad.
Volviendo al tema del que digo entender un poco más, las mentiras, me gustaría insistirte en la extraña forma que pueden tomar para mezclarse con la verdad. Y es que como lector, encuentro más verdad, por ejemplo, en la Odisea, plagada de mentiras, o en Rojo y negro, una ficción sobre la ambición y el amor, que en muchos escritos dizque apegados a la verdad, como los que se hallan en los periódicos. De hecho, creo firmemente que para entender las más profundas verdades humanas, leer los periódicos resulta casi completamente inútil, y en cambio resulta no sólo útil sino casi imprescindible leer a Shakespeare, a Chéjov y a Kafka, aunque las obras de estos autores sean pura ficción.
Así que, básicamente, lo que digo es que para entrar realmente al terreno de la verdad, es necesario aceptar también a las mentiras. No puede estudiarse a la humanidad sin reconocer el barro del que estamos hechos.
Te diré algo más, tan sólo para reforzar la idea de que no es tan fácil vivir en la verdad ni alcanzarla. Los filósofos distinguen distintos tipos de verdad, cuyo repaso puede ser útil también para aquellos que luchan por la Verdad, única, unitaria y con mayúsculas. Primero mencionan un tipo de verdad que llaman lógica o argumentativa, que tiene que ver con la verdad que se construye a partir de argumentaciones de carácter lógico. Por ejemplo, 2 + 2 = 4, o cualquier verdad a la que podríamos arribar tras una serie de análisis y conclusiones lógicas. Una verdad de este tipo no es suficiente para vivir, porque hay cantidad de ámbitos interesantes donde la lógica no puede ayudarnos en absoluto, aunque no sea tampoco un mal comienzo.
El siguiente tipo de verdad del que nos hablan es la verdad de poder. Es decir, la verdad que efectivamente se impone en la vida diaria. Una idea puede ser mejor que otra, pero se impone la que tiene más poder detrás de sí. La verdad de poder muchas veces no tiene nada que ver con la verdad lógica. No hay que confundirlas: El Código da Vinci no es mejor que Desgracia, de Coetzee, solamente se vende más. Los científicos pueden decirnos que hay que reducir drásticamente el consumo de combustibles como el petróleo o el carbón, y tienen la razón lógica, pero no parece que les estemos haciendo mucho caso. Se impone, incluso en forma de desperdicio, la verdad de la mayoría. Apenas tienes dos verdades y puedes ver que ya hay conflictos entre ellas. Ni siquiera Dios — si crees en Dios — se pone siempre del lado de los que tienen la razón.
Hay también una verdad, no bien cómo llamarla, que es la verdad sensible, o la verdad moral: hay cosas que debemos hacer, independientemente de que sean lógicas o no, o estén favorecidas o no por el poder económico o político. Sentimos que hay una verdad humana última que nos impide hacer ciertas cosas, y que nos impulsa a hacer otras: posiblemente, no se trate de una verdad en absoluto, y no debería citarla como un tipo específico de verdad, pero el impulso moral se parece mucho al tirón de la verdad. Por eso me atrevo a señalarla, aunque a decir verdad nunca la haya leído clasificada como un tipo de verdad. No es lógico arriesgar el propio pellejo por el de otros, y menos si esto significa enfrentarse al poder, pero un impulso por hacer el bien — por la verdad moral — puede hacernos actuar en contra de la lógica y en contra del poder.
Y aún así, queda todavía espacio para otra verdad, la verdad última, la verdad esencial, la verdad ontológica, a la que no llegaremos por la vía lógica ni por la vía del poder, y posiblemente tampoco por la vía moral (creo que el libro de Job, que tú podrías ahora volver a leer, habla, entre otras muchas cosas, de esta imposibilidad de comprender con nuestra moral humana la gran verdad última). Por eso se ha dicho, con simpleza pero con sabiduría, que Dios es, o que Dios es el que es. No puede decirse mucho más acerca del misterio último de todas las cosas.
En fin. No quiero ponerme a hacer el trabajo de los filósofos en este momento, y veo que me he extendido demasiado en estas cosas. Resumiendo: la verdad no es tan simple como nos gustaría, y las mentiras son necesarias, aunque nos cueste trabajo creerlo. Y, la verdad sea dicha, ya he agregado demasiadas palabras a lo que seguramente tú entiendes mejor que yo.
Saluditos cordiales,
Pablo Boullosa
6 comentarios:
Con gusto descubrí este blogger (es mentira, fue por no tener nada que hacer en este momento). El caso es que coincido en que las mentiras -como los hombres- son un mal necesario, aunque la verdad a mi ambos me han hecho mucho daño.
Una petición: me podrías recomendar algún libro para editores o algo por el estilo, trabajo en una revista y me gustaría mejorar lo que hago. Gracias
Estimada Kangie,
¿Un libro para editores? Aparte de libros de referencia -- como Libro de estilo de El País, por ejemplo --, y de ediciones bien cuidadas, no se me ocurre nada más divertido para un editor que Vituperio y algún elogio de la errata, de José Esteban. Te lo digo porque contiene las erratas más divertidas que te puedas imaginar, y la errata suele ser, por así decir, el coco de los editories.
Si te entendí bien, los hombres te han (¿te hemos?) hecho tanto daño como las mentiras. Hay una anécdota de juventud de Clinton que me gustaría que viniera al caso, porque cuando era estudiante en no sé qué prestigiosa universidad, una famosa feminista de su época dio una conferencia en la que evidentemente hablaba pestes de los hombre, y al final Clinton se levantó y le pidió que, en nombre del género masculino, le diera a él otra oportunidad. Pero no viene al caso porque sería faltar el respeto a mis propias ideas, es decir, mentir: pues en efecto, no hay nada más peligroso, ni más dañino, que los hombres.
Quién sabe, aún así es posible que no te quede más remedio que darles otra oportunidad: pero ya no en nombre del género masculino, sino en tu propio nombre.
Saludos y gracias por visitar esta página,
Pablo Boullosa
Efectivamente, un escritor es un artífice de la mentira.
no hay nada mas absurdo ke la filosofia
que estudio pablo boullosa?
la filosofia es buena cuando no se cae en la obsesion por descubrir una verdad quizas inexistente
que estudio pablo boullosa?
maniatic-@hotmail.com
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